Un verano para recordar.

BY IN 2015, A divertirse, Y para los padres 4 COMMENTS

Cuando era pequeña las vacaciones de verano duraban tres meses y las pasábamos con muchos amigos y familia en Serón, un pueblo de la sierra de Almería. Tres meses en los que los mayores no nos decían lo que teníamos que hacer. Siempre y cuando no molestásemos a la hora de la siesta, nuestra vida de niños transcurría sin interferencias ni sobresaltos. A los adultos no se les pasaba por la cabeza programar actividad alguna para nosotros; ni clases de cocina, ni de natación, ni idiomas extranjeros, simplemente hacían sus vidas mientras nosotros hacíamos las nuestras. ¡¡Qué liberación!! Sin horarios, sin rutinas, sin deberes de ningún tipo…

Serón noche panorámica

Así pasaban nuestros días felices de verano, montando en bici alrededor de la casa, bañándonos en la piscina (más bien alberca) y hablando con nuestros amigos del pueblo que se acercaban a merendar por las tardes. Días que, lejos de ser una pérdida de tiempo o de buenos hábitos como defienden algunos educadores, eran una gran oportunidad para relajarnos, jugar, hacer nuevos amigos, explorar… para descubrir lo que verdaderamente nos gustaba hacer y sentirnos dueños de nuestro tiempo y de nuestras vidas.

En estos veranos eternos no repasé nunca matemáticas ni lengua, ni falta que me hacía. Hoy no me acordaría de nada de lo que hubiese estudiado de mala gana. Sin embargo, me acuerdo nítidamente de nuestras excursiones por la sierra con Ron, mi perro pastor alemán que nos llevábamos como protección; de los teatros que organizábamos y que luego representábamos ante la familia y amigos (¡gran ovación!) para sacarnos dinerillo para chuches; de las horas de ensayo, de la selección musical escuchando las cassettes de música clásica, de los programas escritos a mano, el vestuario conseguido rebuscando por los armarios de la casa… Recuerdo los días criando ranas, las cazábamos cuando eran renacuajos e íbamos viendolas crecer y transformarse. No me olvido de Curro, el gavilán herido que nos trajeron nuestros amigos del pueblo y que se quedó en casa todo un verano hasta que en septiembre lo dejamos libre y sano. Me acuerdo de las noches despierta hasta las tantas, hablando con mis amigas sobre lo que íbamos a ser de mayores, los chicos del cole que nos gustaban y bla, bla, bla; de ver a mi madre bordar y querer aprender yo… Recuerdo todas estas vivencias que han sido fundamentales en mi vida. No hice deberes durante los veranos de mi infancia, pero no dejé de aprender.

Lo sorprendente es que me olvidé de todo al ser madre. ¡Es tanta la presión! En inglaterra, los niños al cambiar a secundaria tienen que hacer un examen de ingreso. Se llama el 11+ y si quieres un buen cole, el examen es muy duro. Es tanto lo que se les exige para esta edad que aconsejan que los niños hagan deberes en verano para no perder la preparación. Los hicimos, y recuerdo con verdadera angustia las mañanas perdidas a base de ejercicios de matemáticas, inglés y tests de comprensión verbal y no-verbal, en casa metidos en vez de estar en la playa. Mis hijos pasaron el examen.

Ahora estoy totamente convencida de que si no hubiésemos hecho estos deberes también habrían pasado el examen porque son niños que durante el curso estudian y se esfuerzan, y el tiempo bien aprovechado en el cole es más que suficiente. Mejor que los niños vuelvan en septiembre motivados, descansados y llenos de experiencias nuevas para compartir con sus compañeros. Niños interesados en el mundo que les rodea y con ganas de aprender.

Nuestros hijos están inmersos en un sistema educativo obsoleto. A los niños se les exige una cantidad de trabajo y de tiempo totalmente desproporcionado (especialmente a los más pequeños) que además provoca una presión grandísima a las familias que con buena voluntad quieren hacer lo que consideran mejor para el futuro de sus hijos. Intentemos cambiarlo, como padres podemos hacer mucho, nosotros somos los verdaderos educadores, los más importantes, ¡aprovechémoslo!

Este verano mis hijos no hacen deberes, se acuestan tarde, se levantan tarde, se bañan en la pisci (sin ranas, que no todo es perfecto), van a montar en bici y hoy se acaban de ir a un campamento a descansar de padres. A la vuelta harán las actividades que ellos me pidan, no las que yo les organice. Disfrutarán de unos meses sin obligaciones, horarios ni rutinas. Les vamos a dejar toda la libertad del mundo para que ellos puedan hacer de estos meses de vacaciones un verano para recordar.

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Os invitamos a visitar nuestra página de FB La biblioteca de Miss McHaggis.

Gracias a mi amiga Noe, que lleva la página FB Yo también tengo niñ@s pequeños. Fue ella la que usó, en un comentario sobre este tema, la frase que he elegido como título.

4 Comments

  1. Yanire |

    Sencillamente perfecto. Una delicia de crónica. Me ha encantando que nos cuentes experiencias como madre. Nos ayuda mucho a las que venimos detrás. Tus hijos son niños extraordinarios y cualquier sobre esfuerzo que hayan hecho en algún momento les será recompensado en el futuro. A disfrutar!!

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    • Miss McHaggis |

      Muchas gracias Yanire, es cierto que a veces sólo cuando pasa el tiempo te das cuenta de los errores, ¡¡he cometido tantos!! Pero los niños son duros y resiten 🙂

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  2. Cristina |

    Me ha encantado el relato en el cual me siento muy identificada!! En la página de fb, opinaré sobre los deberes y recordaré mis veranos de infancia!! Son maravillosos!

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